Puentes QuincenalVolumen 4Número 22 • 11 de diciembre de 2007

Informe sobre Desarrollo Humano dedicado al fenómeno del cambio climático


El más reciente Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha sido dedicado al fenómeno del cambio climático. Concretamente, a la necesidad de acudir a mecanismos de cooperación para ayudar a los países pobres a la implementación de políticas de mitigación de gases de efecto invernadero, así como de adaptación a los efectos ya irreversibles del fenómeno. Lo anterior es visto como requisito sine qua non para la efectiva lucha contra la pobreza. De alguna manera, la justificación de este IDH centrado en el cambio climático se resume en la afirmación de que "No hay otro tema más urgente y ninguno exige medidas tan inmediatas como éste".

El Informe se encuentra estructurado en cuatro capítulos: I. El desafío climático del Siglo XXI; II. Crisis climáticas: riesgo y vulnerabilidad en un mundo desigual; III. Evitar el cambio climático peligroso: estrategias de mitigación; y IV. Adaptarse a lo inevitable: medidas nacionales y cooperación internacional. Finaliza con una sección que contiene los indicadores sobre desarrollo humano.

Desproporción responsabilidad-consecuencias

Para este Informe sobre Desarrollo Humano es fundamental el hecho de que la distribución de los efectos del cambio climático es desigual en el mundo, siendo los países más pobres, aquellos destinados a cargar con las peores consecuencias del fenómeno climático. Esto es denominado como el desafío distributivo, y su particular dificultad radica en la necesidad de encontrar mecanismos política y éticamente viables hacia ese "compartir" el cambio climático. ¿Cómo hacerlo cuando los principales causantes del problema no se verán afectados por los efectos casi apocalípticos que sí se esperan para los países que no tienen, ni han tenido la responsabilidad histórica del cambio climático?

En efecto, en cuanto a esta responsabilidad, la diferencia de la llamada huella ecológica entre países desarrollados y países en desarrollo es abismal. A manera de ejemplo, los países desarrollados sólo albergan a un 15% de la población mundial, pero aportan cerca de la mitad de las emisiones de CO2. Así, Etiopía produce 0,1 toneladas de CO2, mientras que Canadá produce 20 toneladas. La huella ecológica de los EE.UU. es cinco veces la de China y 15 veces la de la India.En relación a las consecuencias medioambientales, el panorama es similar: del año 2000 a 2004, mientras que en los países pertenecientes a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) apenas 1 de cada 1.500 habitantes sufrió consecuencias por desastres naturales, en los países en desarrollo la relación fue de 1 de cada 19 habitantes.

Después de Kyoto

En ese sentido el IDH es tajante al afirmar que son los países desarrollados los llamados a asumir el liderazgo en el establecimiento de un nuevo marco de compromisos para después del 2012, cuando el Protocolo de Kyoto llegue a su fin.

Esta obligación de asumir dicho liderazgo se justificaría en la ya comentada responsabilidad histórica de los países desarrollados en la producción del cambio climático. Pero también en el hecho de que son estos los países que cuentan con los recursos económicos y tecnológicos, tanto para realizar por sí mismos reducciones profundas en las emisiones de gases con efecto invernadero, como para hacer transferencias de estos recursos a los países pobres, en un marco de cooperación.

En el Informe sobre Desarrollo Humano se vislumbra una negociación posterior a Kyoto en la que no sólo habrá diferencias en cuanto al peso de los países para hacer tomar en cuenta sus posiciones, sino también en relación a otros actores que estarán presentes, con enormes diferencias entre sí. El sector empresarial seguramente será un actor poderoso y con amplias posibilidades de que sus intereses sean considerados. Mientras tanto, habrá dos actores clave, cuyas demandas tienen un gran peso en los temas de justicia social y respeto a los derechos humanos, pero cuyas voces serán poco audibles: las poblaciones pobres del mundo y las futuras generaciones. Al referirse concretamente a los pobres del mundo confinados a la miseria, el informe afirma sin ambages que: "Sin lugar a dudas, merecen algo más que líderes políticos que se congregan en cumbres internacionales y fijan rimbombantes objetivos de desarrollo para que luego esas mismas metas se socaven por la falta de acción en materia de cambio climático."

Mitigación: Mecanismos del comercio internacional

Los mecanismos de mercado son un eje fundamental de acción según el Informe sobre Desarrollo Humano y menciona el comercio de emisiones de carbono y la ampliación del mercado de biocombustibles como instrumentos efectivos para la reducción de las emisiones de los gases con efecto invernadero. A esto, habría que sumarle la creación de mecanismos de regulación y la creación de asociaciones público-privadas como elementos coadyuvantes clave para la exitosa transición hacia una economía de bajos niveles de emisiones de carbono.

Las propuestas del documento son básicamente:

1. La imposición de impuestos directos a la producción de carbono, que se fijarían en $10 a $20/t de CO2 en 2010, con aumentos anuales de $5 a $10/t de CO2, hasta llegar a un nivel de $60 a $100/t de CO2. Se considera que dichas cifras brindarían certeza y seguridad a empresarios e inversores y que se constituiría en un importante incentivo para trasladarse a la utilización de energías más limpias.

2. La instauración de sistemas de emisiones de carbono con límite de emisiones máximo. Esto último sería el punto fuerte de estos sistemas pues las empresas que sean capaces de reducir sus emisiones pueden vender sus derechos "sobrantes" a otras, pero el límite máximo general impuesto por el gobierno no puede ser superado.

3. El mercado internacional debe abrirse a los biocombustibles que son producidos más eficientemente y que tienen más capacidad de reducir las emisiones de carbono. Específicamente es mencionado el etanol brasileño, que no obstante ser el más eficiente, sufre de altos aranceles de entrada, tanto a Europa como a los EE.UU.

Adaptación: políticas públicas vs autoayuda

Este es quizás el tema más sensible, aquél en el que se hace patente más dramáticamente la diferencia de posibilidades entre los países desarrollados y los países pobres. ¿En qué radica este dramatismo?

Los países desarrollados ya están preparándose para las consecuencias inevitables del cambio climático, cuando son los países pobres los que sufrirán los efectos del fenómeno con mucha mayor intensidad, "en sus condiciones de vida, medios de subsistencia, crecimiento económico y vulnerabilidad."

Más aún, todos estos riesgos se constituirán en una carga para economías de por sí afectadas y sensibles a cambios en los mercados y en las condiciones climáticas.

No sorprende entonces que las medidas de adaptación al cambio climático adoptadas por los países desarrollados provengan de los respectivos gobiernos, mientras que "en los países pobres, la adaptación es más bien un asunto de autoayuda".

El documento concluye que los países desarrollados están obligados a dar respaldo a los países en desarrollo en sus estrategias de adaptación. Seguir con el modelo actual sería no sólo insostenible sino también indefendible: "Hacer grandes inversiones en adaptación en los países desarrollados mientras el resto del mundo sólo puede flotar o hundirse no es solamente una receta para retroceder en desarrollo humano. Es además una receta para producir un siglo XXI más dividido, menos próspero y más inseguro".

Reportaje de ICTSD y CINPE

El Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se encuentra íntegro en http://hdr.undp.org/en/media/hdr_20072008_sp_complete.pdf